El cuidado y el amor por los libros, un gusto que comienza desde pequeños

28 abril, 2014

Hay muchos padres que no ofrecen a los niños libros con hojas delgadas por miedo a que se puedan romper, sin saber que este es un hábito, como muchos, que se puede aprender y por tanto, enseñar. Además si un libro se rompe, se puede arreglar… Lo que no se puede solucionar es haber dejado a un niño sin un libro a su alcance. ¿Qué podemos hacer para inculcar a nuestros hijos el amor y el cuidado de los libros?

Un espacio para los libros

Tanto en las clases como en algún lugar de la casa se puede destinar un rincón para los libros y la lectura. No se necesitará más que un espacio para poner los libros: estante, canasto, carrito (una biblioteca móbil!!!) o mesa pequeña para guardar o exhibir los libros favoritos, más algunos cojines o sillas para poder acomodarse a la hora de leer. Lo importante es tener los libros al alcance de los niños y que sean ellos mismos quienes se encarguen del orden de la pequeña biblioteca. Ayuda el crear el espacio con ellos y que participen en como lo quieren y los elementos que se van a poner.

Los destacados de la semana

Una buena manera de motivar la lectura es destinar una pizarra o diario mural a los libros favoritos de los niños. Este espacio se puede destinar para varios objetivos: destacar la lectura favorita de la semana, coleccionar dibujos hechos por los niños inspirados en los libros leídos en familia, una lista de los libros que se quieren leer en el mes, elegir al lector de cada noche, definir la hora y el tiempo destinado a la lectura diaria, escribir frases favoritas de algún cuento…

Dar vuelta las páginas con cuidado

Al dar vuelta las páginas, estas corren menos riego de romperse o de arrugarse si se toman cuidadosamente desde una de las puntas. En este simple gesto no solo se cuida el libro, sino que también se adquiere conciencia de la acción de dar vuelta una página y de la continuidad de la historia.

El maletín de primeros auxilios

En el caso de que la página de un libro o la encuadernación sufriera algún “accidente”, pueden ser los mismos niños (con la ayuda de un adulto, si así se requiere) quienes arreglen el desperfecto.

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