Comparar a los hijos, un error demasiado frecuente

14 enero, 2019

Dicen que las comparaciones son odiosas y aún así se hacen con demasiada frecuencia. Es cierto que entre los adultos suele estar bastante respetado este asunto. Por ejemplo, no es habitual que en una relación sana de pareja uno de los miembros compare a otro con un amor anterior. Para bien es de mal gusto y para mal puede hacer mucho daño. Pero con los niños en muchas ocasiones no se tiene ese mismo cuidado. En las siguientes líneas te mostramos los efectos negativos de comparar a los hijos.

Comparar a los hijos con sus hermanos

Los padres suelen querer a todos sus hijos lo mismo, si es que el amor se puede medir. Es cierto que cada uno de ellos despierta sentimientos diferentes, pero esto no quiere decir que el amor hacia un hijo sea mayor que hacia otro. Sin embargo, ese cariño no suele ser ciego, sino que permite ver las distintas capacidades que tienen unos y otros.

Lo comentado debería servir para conocer su potencial y ayudarle a desarrollarlo al máximo. Por desgracia, en demasiadas ocasiones se usa para comparar a un hijo con otro. Es evidente que los padres no buscan hacer daño, sino motivar al hermano para que imite el buen progreso del otro. Como es obvio, no es un método que suela resultar eficaz y cuando lo es, el precio que se paga puede ser demasiado alto:

  • Envidia. Tu hijo pensará que quieres más a su hermano porque es mejor. De esta forma, lo más probable es que despiertes en él celos y envidias. Además del sufrimiento que este tipo de sentimientos genera, puede provocar también conflictos entre los hermanos.
  • Rivalidad. Cuando comparás a un niño con su hermano le puedes transmitir la idea de que la vida es una competición. Es posible que esto provoque que tu hijo comience a rivalizar tanto con su hermano como con otros niños. Pensar que la vida es una competición a la larga le hará mucho daño.
  • Autoestima. Este es probablemente el mayor de los daños que se puede causar a un niño cuando se compara con otro. Pensará que es inferior a otros niños y que no te fijas en lo que sí hace bien. Lo que en un principio puede provocar esa rabia que terminará en envidias y rivalidades, con el tiempo afectará a su autoestima. Pensará que no hace nada bien, que no es querido y no se molestará en mejorar.
    Por supuesto, comparar a tu hijo con otros niños que no son sus hermanos provoca daños parecidos.

¿Cómo motivar a los niños sin compararlos?

Si quieres motivar a tus hijos para que mejoren, pon en práctica estos tres puntos:

  • Positivo. Recalca siempre las cosas que hace bien tu hijo y enfoca de manera positiva sus puntos débiles. Háblale de lo seguro que estás de su capacidad para mejorar y de lo importante que es esforzarse por conseguirlo. Hazle ver que todos tenemos distintas capacidades y que esto no nos hace ni peores ni mejores, nos hace únicos.
  • Refuerza sus cualidades. Hazle ver sus muchas cualidades, su bondad, su sentido del humor, su inteligencia, su capacidad para esforzarse o para encarar las dificultades… Todas sus virtudes, pero hazlo de manera personal y sin comparar a tu hijo con nadie.
  • Amor. Tu hijo debe tener claro que le quieres tal y como es, pero que percibes todo lo que hace bien y que estás dispuesto a ayudarle a seguir progresando.

Ya lo sabes, comparar a los niños no es bueno, así que, no lo hagas.

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